Y entonces...dijo ¡Adiós!



Así sin más...
Sin mirar atrás.
Ese adiós oculto pero directo.
Ese que de verdad duele y que tanto cuesta decir.

Hay despedidas que taladran el estomago y arrancan lagrimas.
Debería ser consciente...y lo era ....pero  hice caso a mi tonto corazón.

Las despedidas son muy duras , despedirse y no mirar atrás demanda motivación y mucho valor, inteligencia emocional y resiliencia, hay que seguir al flote a pesar de la dificultad y de la incredulidad.

Mahatma Gandhi dijo que cuando hay una tormenta, los parajitos se esconden pero las águilas vuelan más alto. 

De eso se trata, de volar lo más alto que pueda y olvidar.
De creer fielmente que algo bueno y mejor vendrá.
Yo lo creo...claro que si!
Aunque diré algo.....


Te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti...







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